sábado, 23 de mayo de 2015

Reseña: "Tiempo de dragones: la profecía imperfecta", de Liliana Bodoc

11:16 Posted by Laura Lauman , , No comments
El tiempo de fraternidad entre humanos y dragones es destruido por el linaje Dratewka, pero una profecía advierte sobre la llegada de un elegido, destinado a restablecer la armonía. Para huir de la esclavitud, algunos dragones rebeldes cruzan el mar. Los Dratewka envían una flota tras ellos pero también los Tzarus, aliados de los dragones, cruzan el mar.
En el nuevo continente, Antón, mago y alquimista, encuentra a un niño abandonado en el bosque y advierte que puede ser el Elegido. Lo llama Nulán y lo entrega a una mujer para su crianza. A partir de allí comienza a cumplirse una profecía que enfrentará a ejércitos y magos, extranjeros y nativos, que reabrirá la Perforación, una dimensión mágica del bosque. Nulán deberá aceptar un destino que le resulta ajeno mientras los últimos dragones rebeldes escondidos en las montañas se preparan para participar de la guerra.

Título: Tiempo de dragones

Autora: Liliana Bodoc

Ilustración de portada: Ciruelo

Saga: Sí (Tiempo de dragones)

Precio: $199

Páginas: 318

Editorial: Plaza & Janés

Año de publicación: 2015

Encuadernación: Tapa blanda con solapa


El ver al maestro Ciruelo me atrajo, sí, para qué negarlo. El leer la sinopsis en la contratapa acrecentó mi interés, más al saber que era una mujer argentina nacida en la provincia de Santa Fe. La fantasía latinoamericana tiene algo que le falta a los grandes libros del género, en especial si es de autoría yanqui o europea. Carece de la mitad de la historia, esa que se esconde bajo la alfombra. Y Bodoc lo muestra.

Ni entonces ni nunca Antón iba a detenerse en considerar la legitimidad de la profecía. No era eso lo importante. Sabía que sólo la terca repetición de un proceso podía tansformar la realidad en oro.

Todo comienza cuando diecisiete monjes, asediados y a sabiendas que van a morir, deciden dejar una profecía para cuando ya hayan pasado años desde que dejasen su mundo. Por una serie de sucesos, el pergamino termina en manos de Antón, un alquimista que no encaja ni entre los Arrayés, pueblo originario muy golpeado, ni entre los Dratewka, los pastores conquistadores, ni los Tzarús, eruditos llevados a un presente que soportan.

-Las profecías no acontecen en lugares estáticos ni cerca de gente somnolienta. Si miras dentro de un bostezo no verás nada. Las profecías nos buscan si las buscamos...
-Pero, ¿por qué querríamos que esa profecía se cumpla? Augura nuestro final.
-No queremos que se cumpla... Queremos que se evidencie para así poder torcerla. Allí donde surja el Elgido debemos estar nosotros para desviar su destino. Es igual que con los dragones... No podemos aniquilar a un Elegido, ¡podemos malograrlo!

A partir de allí, la historia se cuenta en presente, y luego sobre los sucesos que llevó a que los Dratewka llegasen a un nuevo continente, en busca de qué, y por qué el presente es como es. A veinte años del año mil de esa era, un grupo de personajes, cada uno con su personalidad, sus motivos, sus objetivos y deseos, se enfrentan, se alían, crecen... Y un niño extraño, traído por un dragón o quizás nacido de un amor prohibido, parece ser de interés para muchas personas, incluso para quienes no saben que existe.

Y las cosas raras comienzan a suceder. Hay dragones, sí, y lo bien que hizo la autora en colocar primero un capítulo del presente. Porque luego en el libro (o antes cronológicamente en la historia) se empiezan a ver hechos que podrían haber llevado a ser similares a otros libros del género que eran... no muy buenos, sí muy populares. La escritura no lo indicaba, los hechos tampoco, y suspiré aliviada al ver cómo todo terminaba de encajar en su sitio al terminar el libro.

El extraño niño no es de ningún sitio en concreto, sino del monte. En un tiempo donde los conquistadores comienzan a sentirse cómodos, que saben que los "monitos" ya han sido doblegados, que el poder de los guerreros pastores ha logrado domesticar a los guerreros arrayés, que los dragones están allí, en algún sitio, y que los van a atrapar en algún momento, las guras, brujas poderosas, pueden determinar una victoria o una derrota importante. Esa que decidirá si dejas una marca en la historia o te desvaneces en el olvido.

Bodoc combina la mítica de los dragones con leyendas y mitos latinoamericanos, demostrando que se puede escribir una histora épica fantástica ambientada en latinoamérica, desde varios puntos de vista, incluyendo la de los pueblos originarios masacrados y reducidos a la servidumbre. Y es eso, el punto de vista de los Arrayés, uno de los que diferencia esta historia de todos esos que has leído antes.

Dependiendo del país en Latinoamérica se tiende a esconder o ensalzar las raíces indígenas. Hay presidentes que lo resaltan, y hay mandatarios que hacen como si no existiesen, o como si fuesen una molestia que hay que ignorar, que ya se van a morir por pobres y porque no se les respetan sus derechos como personas. El leer que alguien ha incluido esa faceta es un soplo de aire fresco en un ámbito dominado por extranjeros, muchos de ellos con espíritu de conquistador, que no saben lo que es saber que tu país ha sido invadido por asesinos de otor continente, y que es muy probable que desciendas de una horda de cirminales que se pasaban sus días violando nativas. ¿Feo? Sí, lo fue, lo es, y más aún que se omita o esconda esa parte de la historia.

Bodoc hace justicia con el comienzo de una historia genial, donde cada pueblo tiene su cultura, su historia y sus tradiciones. Es delicioso ver cómo cada sociedad manifiesta sus valores, sus celebraciones, su forma de hablar incluso, dando base sólida a este mundo variado.

Además de todo esto, se estrenará una adaptación cinematográfica en el 2016, basándose en los conceptos visuales de Ciruelo. Ciruelo.

El 2016 no llegará tan ponto como quisiera.

Nota final: 9,5/10

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