viernes, 9 de diciembre de 2016

Reseña: "No seré feliz pero tengo marido" de Viviana Gómez Thorpe - La tragedia femenina del matrimonio en clave de humor.

6:10 Posted by Laura Lauman , , No comments
Viviana Gómez Thorpe –la mujer que refleja como nadie las “delicias de la vida conyugal”- nos cuenta con humor y desparpajo las desventuras de una mujer casada a lo largo de veintisiete años. Casi tres décadas de “una vocación de servicio, como la de un bombero o una enfermera”, librada, como si de una batalla se tratara, entre partidos de fútbol y esquizofrenias televisivas, paseos al perro y bricolaje de diseño. 
“¿Qué si alguna vez pensé en divorciarme de él?”, se pregunta la protagonista de esta novela familiar. Y responde: “No, pero sí en matarlo.” Un espejo donde más de una se verá reflejada. Y en el cual, mirando bajo la superficie, podrá encontrar verdades, sabiduría cotidiana y agudeza sin par.

Título: No seré feliz pero tengo marido

Autora: Viviana Gómez Thorpe

Saga: ¿No?

Páginas: 190

Precio: $100

Editorial: Booket

Año de publicación: 2002

Año de edición: 2004

Encuadernación: Bolsillo

La primera vez que me enteré de esta obra, fue en formato de obra de teatro. No sabía que había un libro hasta que pasé por la Feria del Libro local y me lo encontré, allí, esperándome sin que yo lo supiera sino hasta ese momento. Así que se vino conmigo a casa, y terminó siendo, hasta el momento, una de las mejores compras de libros que hice.

"Al dejar la escuela tenía grandes planes para mí(...), pero en el camino algo predecible sucedió: conocí a un hombre, el destino de toda mujer, lo que vuelve cualquier sueño de grandeza a la normalidad, un lugar seguro donde esconderse del mundo y sus espantosas responsabilidades. E hice lo que todas las que tienen talento y aspiraciones, pero se embarazan para sofocarlas: a los seis mese dí a luz a mi primer hijo."

Allá lejos y hace tiempo, Gómez Thorpe era una mujer soltera y llena de posibilidades, hasta que le pasó lo que le pasa a muchas mujeres con un brillante futuro: casamiento, hijos, marchite de sus sueños en una rutina donde es un accesorio de la familia. Un accesorio que no tiene tantos derechos como el resto, en especial, no tantos como el marido. Pero lo que sí tiene, y mucho, son responsabilidades. Y cansancio. Y sueño. Y tener que posponerse por el bien del marido y los hijos. Siempre.

Bueno, pero, después de todo, ¿para qué es el matrimonio si no es para sufrir? Yo si llego a gozar, empiezo a sentirme culpable... porque siento que es adulterio...

Cada capítulo narra su vida, enfocándose en algún aspecto: el fútbol, un telo, construir una casa, el sexo, qué pasa cuando el marido se enferma, o cuando ella se enferma, las injusticias en pequeños detalles (como los arreglos de la ropa para hombres y mujeres) y los grandes, cuando el marido de cincuenta empieza a mirar demasiado a jovencitas de veinte y es pura paranoia que muestre todos los indicios que le es infiel con un recién salida del secundario, etc. Y cada capítulo narra algo conocido pero pocas veces exhibido.

Porque fíjense, ¿quiénes son los que manejan (esos autos deportivos)? ¡Todos viejos! Viejos que a una edad en la que le duelen todos los huesos, eligen meterse en posición fetal en ataúdes rodantes. Cuando eso ocurra, yo seguramente estaré manejando un carrito de cartonero. Y eso es lo que me hace rabiar. Esa desigualdad, y el hecho de que los hombres quieran más a su auto que a su mujer. 
Si algún día las terminales llegan a sacar un modelo que cosa botones y se ría de sus chistes, estamos fritas. 

Es otro de los libros que deberían dársele a toda chica que comience a pensar que el matrimonio es como una película de Disney o una novela romántica. La realidad muestra que es una de las peores cosas que le puede pasar a una mujer, si pretende mantener su salud (no mejorarla, sino mantenerla), progresar en su trabajo o estudios, aumentar su calidad y años de vida... las mujeres empeoran su futuro, y su presente, al casarse, los hombres lo mejoran.

Y mientras mi productividad desciende por lo menos un 40 por ciento, la de él trepa a un 80 por ciento, gracias a que por teléfono me teledirige y me manda (soy su chepibe) a hacer sus cosas, en vez de las mías. Y en los últimos años, con la aparición de los celulares, no hay un lugar en la tierra donde una pueda esconderse, sin que la localicen para atormentarlas con sus preguntas embargadas de pánico: "Vivi, por favor, acabo de acordarme que hace tres meses dejé mi sobretodo italiano en a tintorería. Fijate si encontrás la boleta en algún bolsillo. Yo te espero", jadea tanto que parece una llamada obscena.

(Sería interesante estudiar esto en parejas del mismo sexo.)

Por mucha libertad que hayamos alcanzado, no alcanzamos lo principal: el derecho a articular le monosílabo ¡NO! El derecho a cerrar las piernas, ¡uf! La mujer que se rebela contra eso es estudiada como un cuadro clínico. Y hay toda una batería de explicaciones de "sicología barata" para demostrar que el NO es patológico. Todo un rosario de descalificaciones se desploma sobre nuestras cabezas cuando no tenemos ganas.

Es la clase de obras con la que toda mujer casada se identifica, porque ve que el dolor es compartido, el sacrificio es lo que se espera, la abnegación es obligación, y el protestar es signo que aún no se ha domado esa vocecita que te dice que eres una persona y, por lo tanto, mereces algo de respeto y justicia.

Así es, amigas. Los hombres no saben cómo tratar a su mujer. Necesita una un gesto tierno y le pellizcan la cola, le está haciendo falta una palabra dulce y le sueltan una obscenidad.
Te les acercás mimosa, buscando ternura y enseguida te manotean una lola.

Una obra para llorar, reír, y saber de lo que te salvas al estar libre de marido.

En fin, que una no sabe lo que es la felicidad, hasta que se casa. Y entonces ya es demasiado tarde.

Nota: 10/10

0 comentarios:

Publicar un comentario