miércoles, 26 de agosto de 2015

Reseña: "Corazón de tinta", de Cornalia Funke - La lectura trae a los personajes a la vida... real

9:42 Posted by Laura Lauman , , No comments
¿Quiénes son de verdad Dedo Polvoriento, Capricornio o Lengua de Brujo? ¿Qué tienen que ver con Meggie y con Mo, su padre? ¿Por qué él nunca le ha revelado su gran secreto? Cuando Mo saluda a un extraño visitante que aparece en su casa, ella siente que aquella persona emana un peligro, quizá una gran amenaza contra su padre... y entonces huyen al sur, a la casa de tía Elinor, propietaria de una de las más fascinantes bibliotecas que uno pueda imaginar. Meggie descubrirá que los forasteros que misteriosamente aparecen y desaparecen, como aquel visitante nocturno, llaman a su padre Lengua de Brujo, ya que tiene el don de dar vida a los personajes de los libros cuando lee en voz alta.
Título: Corazón de tinta

Autora: Cornelia Funke

Saga: Sí (Mundo de tinta)

Páginas: 600

Editorial: Siruela

Encuadernación: Tapa blanda

Año de impresión: 2013

Precio: $250


Uno de los pocos libros que pude conseguir en la Feria del Libro de Buenos Aires de este año, y también uno de los más buscados. Tenía muy buenas reseñas en otros blogs, y cuando supe que podría llevármelo a casa, sonreí.

Bastante después, cuando empecé a leerlo, tenía una vaga idea de lo que me encontraría, y el resultado fue una sorpresa. Comenzando con la historia de Meggie y su padre Mo, quienes no se quedan quietos en un lugar por mucho tiempo, y no se revela por qué sino hasta que llega un extraño personaje (nunca mejor dicho) y la aventura comienza.

—¡No lo subestimes! —oyó decir a Dedo Polvoriento.
Qué distinta sonaba su voz a la de Mo. Ninguna voz sonaba como la de su padre. Con ella Mo era capaz de pintar cuadros en el aire.
—¡Él haría cualquier cosa por conseguirlo! —ése era de nuevo Dedo Polvoriento—. Y cualquier cosa, créeme, significa cualquier cosa.
—Jamás se lo daré —ésa era la voz de su padre.
—¡Pero él lo conseguirá de un modo u otro! Te lo repito: te siguen la pista.
—No sería la primera vez. Hasta ahora siempre he conseguido quitármelos de encima.
—¿Ah, sí? ¿Y cuánto tiempo crees que podrás todavía? ¿Qué será de tu hija? ¿O acaso pretendes convencerme de que le gusta trasladarse continuamente de la ceca a la meca? Créeme, sé de lo que estoy hablando.
O eso intenta, porque hasta que pasa algo de verdad emocionante han pasado cien páginas y casi me he dormido. Reconozco el sentir de alguien que ama los libros en esas palabras, pero hay algo que no me termina de convencer en esta novela. Es como un sabor que no cuadra con el resto, como si se quisiera asegurar que X es X y que no lo olvidemos para cuando pase algo de verdad emocionante.

—Si te llevas un libro a un viaje —le había dicho Mo cuando introdujo el primero en la caja— sucede algo muy extraño: el libro empezará a atesorar tus recuerdos. Más tarde, te bastará con abrirlo para trasladarte al lugar donde lo leíste por vez primera. Y con las primeras palabras recordarás todo: las imágenes, los olores, el helado que te comiste mientras leías... Créeme, los libros son como esas tiras de papel matamoscas. A nada se pegan tan bien los recuerdos como a las páginas impresas.

Luego, son cuatrocientas cincuenta páginas de un constante ir y venir, donde el malo de la novela se escuda en el miedo y más de una vez deseé darle unas cuantas bofetadas. Que van a tal lado, que luego van a este otro, que vuelta el ir y venir... o Mo de verdad es un nómada o no comprendía que lo mejor era alejarse, irse si es posible a otro continente, y dejar una posibilidad atrás para no poner en riesgo a su hija.

—¿Y qué fue del hombre de cristal? —preguntó Meggie.
Su padre suspiró.
—Se hizo añicos apenas unos días después, cuando un camión pasó por delante de nuestra casa. Es evidente que cambiar de mundo por las buenas sienta bien a poca gente. Ambos sabemos la felicidad que te puede reportar sumergirte en un libro y vivir su historia unos momentos, pero salir fuera de un relato y encontrarte de repente en el mundo real no parece traer demasiada felicidad. A Dedo Polvoriento le rompió el corazón.
—Pero ¿tiene corazón? —preguntó Elinor con tono de amargura.
—Mejor le iría si no lo tuviera —contestó Mo.

A eso se le suma el entusiasmo, comprensible pero imprudente, de Fenoglio. Algo que parece común a todo personaje masculino de la "realidad" de esta novela es que no comprenden que las medias tintas no sirven. Hay páginas en las que hubiese deseado gritarles que se comportasen como adultos, que no eran niños, y que tenían responsabilidades.

A veces el texto se vuelve algo florido, y en otras da tan cerca de clavo que siento que va a mejorar, pero no. La sensación predominante al leer esta novela es un gran meh. Para saber cómo es una buena novela que hable sobre libros (y que sus personajes y autores sean bien utilizados) es muy acosejable leer a Odessa. Esta novela es hasta insípida en conparación.

No seguiré con la saga, y lo más probable es que sea uno de los libros liberados el 21 de Septiembre.
 Nota final: 6.5/10

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